viernes, 21 de marzo de 2014

La lucha de resistencia y la labor revolucionaria



Tras seis años de aguda crisis económica, el resultado de la política de reformas está a la vista de todos, tan nítida como cruda es la realidad: Las masas no se encuentran más cercanas a la revolución, sino defendiendo sus intereses inmediatos. La práctica cómo criterio de la verdad, debe de servirnos para comprender una realidad que llevamos tiempo defendiendo: las masas por muy castigadas que estén no van a revolucionar su consciencia en ausencia de referente revolucionario, ni la crisis económica por muy dura que sea va a permitir la reconstitución del Partido Comunista, tarea que debe de dirigir la vanguardia de manera consciente, y no dejarla sujeta a los vaivenes de los movimientos espontáneos. El sindicalismo (cómo todo movimiento de resistencia) no puede generar revolución, al ser elemento reproductor de la conciencia inmediata, no busca la superación del capitalismo, sino mantener y mejorar la forma de existencia en el seno del mismo. Hemos de reseñar sobre dicha lucha espontánea que de ningún modo pretendemos menospreciarla, puesto que es completamente normal y justo que las masas luchen  por su pan. No obstante los que nos consideramos marxistas, debemos situar dichos movimientos espontáneos en el lugar que ocupan objetivamente, teniendo presentes que la consciencia revolucionaria sólo puede introducirse en el movimiento obrero desde fuera del mismo, tal y como nos demuestra Lenin en el ¿Qué hacer?

            Haciendo un breve repaso a los últimos tiempos, podemos observar cómo se ha ido dando una crisis de representatividad, fruto del desplazamiento de parte de un importante sector compuesto por aquellos asalariados más privilegiados, la aristocracia obrera. Dicho desplazamiento se ha ido dando a todos  los niveles, por un lado vía privatizaciones pero también a nivel político e ideológico, debilitando algunos de los mecanismos de los que se servían para negociar sus intereses con el resto de la clase dominante, principalmente la negociación colectiva, pero también fortaleciendo la opinión pública contra los sindicatos mayoritarios. La proletarización de una capa nada desdeñable de éste sector es sin duda la base de la mayoría de movimientos que se vienen sucediendo de un tiempo hacia aquí. Ni el revisionismo ni el oportunismo (de socialdemócratas a anarcosindicalistas) han podido siquiera posicionarse cómo dirigentes de las luchas inmediatas de las masas y mucho menos elevarlas, cuestión que se hizo patente en el primer y a la vez mayor -tanto en número cómo en profundidad- movimiento social de los últimos tiempo, el 15-M. Una parte significativa del campo revisionista planteaba dirigirlas "desde los bordes" al centro de trabajo, es decir: convertir luchas políticas en luchas económicas, probablemente llevados por la nostalgia de un sindicalismo "de clase y combativo" que intentan reconstruir para dar cobertura a la aristocracia obrera radicalizada a la vez que con ello esperan rellenar el espacio dejado por el desplazamiento del sindicalismo dominante, pero todo ello llevado con el mayor desprecio, puesto que no podían permitirse que unos indignados interclasistas arruinaran campañas electorales. Posteriormente tras el inevitable desgaste de una lucha espontánea las masas en sus movimientos pasaron a un corporativismo de tipo gremial, más estrecho, sin quedar ya rastro de esa crítica contra distintos aparatos estatales y ya si, de la mano de los sindicatos mayoritarios y con mayor presencia de nuestros revisionistas esta vez bajo la forma de marchas de colores, cuyos  objetivos eran similares.

            Así, sin grandes sobresaltos para el bloque dominante y tras tres huelgas generales, más parecidas a un teatro, para limitar la progresiva pérdida de presencia de CCOO y UGT llegamos a la última intentona de generar movilización, con la marcha de la dignidad, creadas por todo tipo de formaciones, desde la "izquierda" parlamentaria y extraparlamentaria hasta el sindicalismo "alternativo", a lo que se suman organizaciones consecuencia del 15-M como la PAH. Además algunos grupos más “radicales” que critican las “formas” del 22M, pero coinciden en su contenido, también aparecen aquí. Lo que nos indica que más allá de nobles intentos de rebasar los límites del sector  integrado en el régimen, estas marchas no hacen más que encuadrar a la "ciudadanía" dentro del programa reformista de la aristocracia obrera . 

            La solución a la desesperada situación de millones de personas, no pasa por intentar mejorar la situación dentro de un sistema que ya nada puede ofrecer de progresista, que de hecho en su reestructuración se ve obligado a expulsar a parte de aquel sector acomodado de los obreros y que tan buenos servicios les ha hecho amortiguando la lucha de clases a base de reproducir la ideología dominante. La solución sólo puede basarse en la ruptura radical del sistema, implantándose la dictadura revolucionaria del proletariado encaminada al comunismo, para lo cual es necesaria la independencia política e ideológica de nuestra clase, desterrando al basurero de la historia a los cantos de sirena reformistas, que no tienen nada que ofrecer salvo la perpetua explotación del hombre por el hombre, a pesar de que lo hagan en el nombre de la revolución.

            Sin embargo y pesar de que se dan las condiciones objetivas para desencadenar la guerra revolucionaria, no existen las condiciones subjetivas. El “comunismo” existente hoy en día cómo ideología se reduce a reformismo en su gran mayoría y como movimiento político a un mar de siglas que intentan infructuosamente ligarse con las grandes masas y celebrando cada poco tiempo actos de “unidad comunista” que no llevan a ninguna parte salvo a la posterior desintegración en la mayoría de ocasiones. Esta desorientación y desintegración de nuestro movimiento viene determinada por la incapacidad del marxismo actual de dar respuestas, fruto de su transformación en revisionismo. La prioridad hoy por hoy consiste precisamente en la aplicación del propio marxismo al marxismo, estudiando, analizando y contraponiendo las diferentes posiciones en base a la experiencia revolucionaria inaugurada por la Revolución de Octubre y que colapsó en la última década del pasado siglo, rescatando todos aquellos elementos válidos y comprendiendo las limitaciones que sufrió la ideología y que nos llevó hasta el momento de postramiento actual. Se trata a fin de cuentas de poner la ideología a la altura de las circunstancias, a un nivel más elevado y desarrollado en base a la lucha ideológica consciente entre la vanguardia de forma que el marxismo revolucionario pueda ir hegemonizando a la misma para así poder iniciar un nuevo ciclo revolucionario con mayor garantía de éxito, al fusionarse con las grandes masas, no a base de medidas reformistas, sino superándolas al dar respuesta de manera revolucionaria a la situación de explotación de nuestra clase.


Revolución Proletaria

Marzo de 2014

Texto preparado para las movilizaciones del 22 M

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